La Estrella Roja

[…] el cielo que había brillado con la imponente luz del Astro Rey en el fondo con todo su esplendor cerúleo, se tornó de súbito de un tono oscuro, desprovisto de color que auguraba un futuro incierto y caótico. En la inmensidad celestial se abrió una descomunal oquedad, como si la más horrenda y titánica bestia del Inframundo hubiese abierto sus terribles fauces para engullir al mundo; el enorme hueco en la bóveda celeste escupió con una violencia indescriptible y con un ensordecedor estruendo una enorme bola de fuego que perforó a su paso todas y cada una de las capas de la atmósfera. El descomunal aerolito desfiló por el cielo emitiendo un silbido atronador y dejando tras de sí una estela rojiza que simulaba a la perfección una profunda y horrorosa herida en el Reino Celestial, muy probablemente un preludio de lo que haría en la faz de Onyria en cuanto impactara. Tras viajar por más de la mitad del planeta, con su imponente y terrorífica presencia, La Estrella Roja venida de los cielos penetró vehementemente por fin en el suelo, provocando el mayor destello carmesí que cualquiera pudiera imaginar, cegando durante unos segundos a toda aquella criatura que disfrutara del don de la visión.

Tras disiparse la perturbadora luz, tan sólo pudo verse en el lugar en el que el asteroide había caído, un gigantesco cráter todavía incandescente y  en el centro de este, en lo más profundo de la herida en la tierra, reposaba alguien.

 Fragmento del Libro de Sūnya

 

Estrella Roja           

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