“¡Quiero impregnarme de tí!”

¡Hola a tod@s! Oficialmente estamos en período de cuarentena o confinamiento por el patógeno ese… ¡Voldemort! O no sé… En fin, que estando esta tarde en casa, he hecho un ejercicio de memoria de ese sueño mágico y erótico que he tenido justo antes de despertar esta mañana y he intentado ponerlo en un texto que es el que sigue. Lo voy a poner en la categoría de “Cuentos de Invierno” por ese carácter fugaz y efímero que tienen los sueños y mis cuentos. Quizás en un futuro sea la vivencia de alguno de los personajes de Onyria, ¿quién sabe? ¡Espero que os guste!  

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Todavía estoy sumido en ese estado etéreo entre el reino onírico y la vigilia previa al despertar, pero siento su presencia cerca de mí. Su olor corporal se me ha pegado a la piel y cada vez que respiro noto como todo su ser se cuela por todos y cada uno de mis poros colmándome de un éxtasis volátil, sutil, y delicado. Arrastrado por la pobre luz anaranjada de los fanales que se cuela por las rendijas de la persiana, abro poco a poco los ojos para comprobar que está ahí, observándome. ¿Cuánto rato hace que me mira? Mi corazón se lanza a una desbocada carrera mientras noto como el calor enrojece mis mejillas.

Él se incorpora y sacude su cabeza haciendo que su salvaje melena ondee libre y mágica terminando sobre su rostro cubriéndolo y otorgándole un aspecto misterioso, sensual y peligroso. Sus labios dibujan muy lentamente una alargada y pícara sonrisa. Me indica con un lujurioso susurro que quiere que me acerque a él; sus fuertes brazos me acogen en una fortaleza inexpugnable, cálida y suave. Nos miramos y noto como sus ojos se hunden hasta lo más hondo de mi ser atravesando capas de piel, carne, huesos, cartílago, sangre y órganos hasta acariciar mi alma que tiembla derrotada por el deseo. Mi boca le busca y su aliento se cuela en mi interior mostrándome el camino hacia la unión más profunda que dos seres pueden tener. Mis brazos rodean su nuca para que mis manos puedan enredarse con su frondoso pelo, mientras él recorre todos y cada uno de los rincones de mi espalda con sus poderosas manos haciéndome estremecer y arquear la espalda en una bonita y erótica figura.

Sus labios corresponden a los míos con gran ahínco y comienza a poseer poco a poco todo mi ser como una terrible criatura roba almas. Al poco sus grandes manos descienden hasta mi cintura y me ruega con fuego en la voz que me dé la vuelta. Como a cámara lenta, sin quitar la vista de sus labios de perdición y con un hirviente anhelo, me volteo y dejo recaer mi espalda sobre su fornido pecho, a la vez que sus poderosas manos se cierran cual garras sobre mi cintura. Su boca caliente se posa delicada sobre mi cuello y noto como sus colmillos se clavan sensuales en la piel y casi la atraviesan. Un gemido, fruto de la instintiva mezcla entre el dolor y el placer se me escapa atravesando mi garganta. “Lo quiero todo de ti” dice con un gruñido ronco y sexual. “Tu cuerpo, tu calor, tu piel, tu sudor, tu olor, tu sexo, tu sangre…” Sus palabras se filtran por mi oído, recorren toda mi anatomía haciendo que mis músculos se retuerzan encarcelados en ese abrazo carnal y oscuro. Inclino mi cabeza hacia atrás hasta que topa con su hombro y pongo de nuevo mi mirada sobre la suya que está casi oculta entre la penumbra de su indómita melena; sus ojos brillan con un destello de celo, su sonrisa me atrapa en un lascivo hechizo.

Me inclino hacia delante hasta quedar tumbado boca abajo, él me acompaña y recuesta su sensual y ardiente cuerpo sobre el mío para unirnos en una fusión tanto carnal como espiritual. Ambos dos nos impregnamos el uno del otro con lujuria. El universo desaparece, sólo quedamos nosotros dos. Nuestros cuerpos desbocados y atravesados por electrizantes impulsos nos llevan al culmen de la unión y estallamos en una vorágine de éxtasis elevado que nos lleva después a caer rendidos sobre el colchón.

Nuestra respiración es rápida y entrecortada. Una gota de sudor se desliza perdida por mi nariz. Él la recoge con su pulgar , se la lleva a la boca y la degusta de forma obscena. “Ya sabes que lo quiero todo de ti.” afirma triunfante.

Aura Anaranjada

En esta ocasión quiero compartir un texto que escribí no hace muchos días sobre un personaje misterioso, mágico, divino… El personaje en cuestión forma parte del universo de Onyria, sin embargo el texto en sí aparecerá en las 2 secciones principales del blog; esto se debe a que el texto es tan sólo una presentación de dicho personaje, como una especie de trailer o teaser. Además el formato del texto en sí es más propio de la sección Cuentos de Invierno que de la de Sueños de Onyria. En todo caso, espero que lo disfrutéis y que os guste. 

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“¿Qué demonios es ese fastidio de luz?” Protesté con una mezcla de ira y pereza en la voz ronca de quien recién se acuesta para dormir y algo o alguien le abstrae de dicho proceso. Importunado, me levanté del sillón y me dirigí a la ventana del salón; observé a través del cristal y vislumbré en lo alto de un peñasco cercano el origen de mi desazón. Se trataba de una brillante luz anaranjada que refulgía con un extraño y atrapante candor. “¿Pero qué demonios es esa cosa?” Como atraído por el destello naranja salí de mi humilde pero seguro hogar y me lancé a la caza del misterio. Ascendí a buen paso por aquella geografía rocosa y poco poblada, hasta llegar a la cima del peñasco donde el viento me golpeó rechazando mi presencia. Entrecerré los ojos y puse mis manos frente a mi rostro a modo de protección para poder seguir avanzando hasta el fulgor aloque.

        “¡Benditos Dioses! ¿Qué es eso?” Mi corazón dio un vuelco ante la imponente visión que presencié al llegar a lo alto de la peña. Normalmente en aquel lugar apartado del mundo, prácticamente en la cima de este, solía reinar una calma impasible y tranquila; un roble antiguo con el tronco ennegrecido por el paso de las eras era el único habitante de aquel paraje. Sin embargo, esa noche recibió una alucinante visita. La extraña luz anaranjada provenía del aura de un ser que califiqué como celestial; la brillante y llameante energía que lo rodeaba se elevaba tan alto como el cielo y fulguraba envuelta en el más grande de los misterios. Aquel ser tenía una apariencia humana, concretamente de un hombre joven, bastante alto y delgado. Tenía el pelo del color del fuego y este bailaba libre, en el aire, alborotado por el poder que surgía de su propio cuerpo. No podía distinguir del todo bien sus facciones puesto que estaba de perfil, pero sí que pude ver que lucía una perfecta y cuidada perilla pelirroja; desde ese mismo lado, pude comprobar que su ojo izquierdo estaba cubierto de un maquillaje negro que se lo emborronaba de una forma muy mística a la vez que pavorosa, como si fuera a traer la muerte. De su cuello colgaba una suerte de hilera de abalorios negros que serpenteaban en el aire de una forma fantasmal.

El enigmático joven iba ataviado con un singular atuendo hecho de unas abultadas pieles grises, atadas a la cintura con un elegante fajín marrón; dichas pieles envolvían parte de su cuerpo dejando al descubierto su hombro y su torso por el lado izquierdo, delgado pero firme. Sobre su piel descubierta, a la altura de la clavícula y sobre su costado podían distinguirse algunas líneas a modo de tatuaje con algún texto que no lograba leer desde mi posición. Del fajín, pendían una pequeña hacha y un fabuloso arco sobre el que pude advertir unas deliciosas tallas con motivos florales, tales como maravillosas hiedras y otras fastuosas enredaderas. A su espalda, portaba un imponente carcaj de cuero curtido del que sobresalían unas cuantas flechas mostrando unas esplendorosas plumas carmesíes. Bajo su cintura, vestía un elegante y ancho pantalón de una tela ligera, teñida de negro. Calzaba además unas robustas botas marrones cuyo interior estaba forrado con algún tipo de lana.

A pesar de su imponente aspecto, su vista puesta sobre la hermosísima bóveda celeste que se había vestido de un gallardo negro e infinidad de brillantes, parecía un tanto entristecida. Esa conmovedora mirada tenía un deje de nostalgia, una pincelada de pesar y a la vez un brillante atisbo de determinación. Di un par de pasos hacia donde él se encontraba y vi como sus pupilas se voltearon lentamente hacia mi posición. Mi cuerpo se detuvo en seco y él giró toda su faz de una forma un tanto mecánica para mirarme. Sus ojos brillaban con un fulgor carmesí y se clavaron en los míos. En ese momento, en la boca de mi estómago noté como si fuese a caer por un profundo y oscuro abismo; sentimientos que habían dormido durante tres lustros despertaron de golpe apelotonándose con virulencia por toda mi anatomía. Mis piernas comenzaron a temblar, mis brazos se sintieron muy pesados y mi mente empezó a embotarse.

El aura anaranjada que lo envolvía decreció poco a poco, pero fue reemplazada por dos esplendorosas estrellas que centellearon a cada uno de sus flancos. Ambas estrellas se tornaron dos majestuosos y grandiosos lobos cuyos tamaños me parecieron descomunales y antinaturales. Uno de ellos era blanco con los ojos dorados y el otro totalmente negro con los ojos rojos como la sangre. Ambos animales se sentaron con porte regio al lado del joven y también pusieron sus miradas sobre mí. El muchacho separó sus finos labios para decir alguna cosa pero yo perdí totalmente el conocimiento. No obstante, mientras caía, noté un cálido abrazo que evitó que me golpeara contra el suelo.

Al despertar, me hallé en mi sillón. Ya había amanecido y el encuentro con aquel fabuloso ser quedó como un lejano sueño. Más cuando tomé consciencia de todo mi cuerpo, noté que entre mis manos había algo: una flecha cuya pluma era rojo carmesí. En la parte central del misterioso proyectil había un trozo de pergamino retorcido y anudado con gracia sobre la fina madera. Mi instinto me llevó ipso facto a abalanzarme sobre él y a desplegarlo. Descubrí que no entendía el mensaje, puesto que aparecía en una extraña lengua… Aún así, en mi mente resonaba familiar…

 

Pu ficisóet jecisni wotvu, qait eáp pu it va nunipvu. qus gewus, ¡umwófeni!

Secreto en un Abrazo

Hacía tiempo que no escribía nada para la sección de los Cuentos de Invierno y anoche antes de ir a dormir las musas me dijeron que moviera el culo y escribiera unas líneas. Es un texto escueto pero era medianoche. Os lo dejo a continuación. 

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los-abrazos_negativo

Imagen extraída de https://www.triskelate.com/ y modificada con GraphicsGale

Mi cabeza reposaba sobre su hombro, mientras escuchaba su respiración tranquila y relajada. Hice el gesto de pegarme un poco más a su cuerpo para estar aún más cerca de él y cerré los ojos con la intención de buscarle en nuestro lugar íntimo, en nuestro país de los sueños. Posé mi mano izquierda sobre su pecho y respiré hondo para impregnarme de su olor.

De pronto una horrenda y helada punzada atravesó mi mano, subió furtiva por mi antebrazo, saltó violenta mi brazo y chocó brutalmente contra mi corazón haciendo que este sintiera que se despedazaba esparciendo por todo el universo los pedazos.

Di un respingo asustado. Él se percató y preguntó si todo iba bien. Mi silencio fue la única respuesta. Lo que acababa de descubrir en su interior era demasiado profundo, tenebroso y doloroso. Tuve miedo de aceptar que lo que hallé en él podía envenenar nuestro mundo de sueños privados y entonces, resignado, resolví en decirle que tan sólo había tenido una inoportuna pesadilla. En respuesta, me abrazó más fuerte contra su pecho y trató de tranquilizarme con un cálido susurro “Yo te protejo.”.

Yo sabía que él no tenía ese poder. Una lágrima pesada cual losa de granito corrió cruel por mi mejilla.

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Otra vez Diciembre..

De nuevo diciembre… Las calles se inundan de restallidos de mil colores, de alegres tonadas evocando el espíritu navideño y el frío no logra hacer mella alguna en los cálidos corazones de la gente que espera las fechas señaladas para reunirse con la familia y volver a verse con amigos que parecen perdidos durante el resto del año. Se respira un grácil ambiente en todas partes, las chimeneas chisporrotean con algarabía, los niños juegan, cantan y sueñan con que sus deseos se hagan realidad durante una de las noches más mágicas del año…

Ajenos a la terrible verdad que se oculta tras tanta felicidad…

Hoy día descansamos durante la vigilia de navidad pues nuestros sueños están velados por un ente místico que todos tenemos en nuestras casas y en nuestras ciudades: Ese majestuoso e imponente abeto adornado con excelentes gustos y colores vistosos. No es tan sólo un elemento decorativo, no.

Eones atrás, cuando el mundo todavía era joven, durante una vigilia de navidad una gigantesca sombra trajo dolor, desgracia y destrucción al mundo, una tiniebla ensombreció los corazones de todos los seres del mundo, una profunda oscuridad embrujó los sueños de las personas tornándolas en las más horrendas pesadillas. Esa penumbra no tenía nombre, ni forma física, ni siquiera los mismísimos dioses sabían qué era aquella cosa que estaba causando estragos en su universo y para cuando quisieron intervenir, la entidad lo había cubierto todo en su negro manto impidiéndoles poder repelerla.

No obstante, entre toda esa espesa oscuridad, un minúsculo atisbo de esperanza destelló un brillo dorado en el fondo de un corazón. Aquella luz casi imperceptible fue creciendo poco a poco contagiando su poder al resto de la humanidad quien encontró la forma de desterrar a la sombra. En el norte, muy al norte, donde el cielo y el mar casi se unen en el horizonte, bajo una furiosa nevasca, un grupo de personas se adentraron en un bosque, antaño vivaracho pero ensombrecido en aquel día, para buscar el abeto más sano y más alto. Una vez frente aquel enorme árbol, comenzaron su ritual de esperanza en el que procedieron uniendo sus manos rodeando al majestuoso pino, para acto seguido comenzar a cantar. Sus voces se fueron acoplando una a una con un ritmo hipnótico; a cada minuto que pasaban entonando fueron ganando más y más confianza.

La sombra respondió tornando la furiosa nevasca en una terrible y violenta tormenta invernal con un viento del norte que cortaba como el cristal, pero el conjuro ya estaba a punto de terminar. La penumbra se veía cada vez más débil e iba desapareciendo gradualmente tras la corteza del magnífico abeto que se convertiría permanentemente durante los eones a venir en su celda.

 La oscuridad se disipó completamente del mundo y quedó atrapada en el árbol que tornó su tronco de un color azabache profundo, oscuro como una noche de luna nueva. Acto seguido, los valientes colgaron desde las más bajas ramas hasta lo más alto de la mismísima copa unas preciosas esferas doradas y rojas que contenían sus más bellos sueños, sus más profundos deseos y sus más grandes esperanzas a modo de sello mágico.     

El Trino del Diablo

 

…a medida que el frenético movimiento del arco sobre las cuerdas producía las estridentes notas, del violín surgía una extraña luz rojiza. Una suerte de aura de color carmesí que rodeaba el instrumento como si lo estuviera controlando; a su vez, el violinista aceleró cada vez más sus movimientos. Parecía que se había vuelto completamente loco, pues sus ademanes eran casi presa de una histeria increíble y su negra melena echada sobre la cara no dejaba ver su expresión; en realidad lloraba cruelmente abrumado por el pánico pues la melodía que brotaba del violín no era la que él había compuesto, si no una más complicada, llena de trinos inaudibles y de acordes imposibles. La sonata se volvía tremendamente insoportable para sus oídos, sus dedos ya no aguantaban la agobiante presión sobre las cuerdas, toda aquella situación infernal se alargó tan sólo unos minutos, pero bastó para que pareciera una tortura de algún círculo del infierno de Dante; finalmente, una de las cuerdas del violín se rompió emitiendo un incómodo pero a la vez liberador sonido, hiriendo de un leve corte en la cara al violinista que le hizo recuperar el control de su cuerpo y dejó caer la herramienta al suelo.

 Después, tan sólo advino el silencio…

 El violinista, con la garganta severamente compungida y los ojos abiertos de par en par que mostraban sus capilares rojas e hinchadas, miró con espanto el violín y éste no tenía ni un rasguño, ni siquiera la cuerda que le había provocado esa herida que le escocía de forma obscena estaba rota, de alguna forma había vuelto a su sitio como si nada hubiera pasado. El aura carmesí alrededor del violín se había disipado y parecía no haber existido jamás. Al poco, una oscura y profunda voz resonó en lo más hondo del cráneo de aquel hombre, rebotando pérfidamente y resonando con una tenebrosa carcajada.

 “El Trino del Diablo está completo. Ahora tendréis fama y reconocimiento, pero a cambio ya sabéis qué quiero.”

 El cuerpo del hombre se desplomó pesadamente sobre el suelo, quedando en su rostro una horrenda expresión de terror imprimida en un rigor inmóvil y pavoroso…

El Sueño - James Marshall

Gravado de James Marshall que ilustra al compositor Giuseppe Tartini teniendo un sueño en el que el Diablo le compone su sonata.

El Árbol del Mal

El origen de este texto es una especie de pesadilla que tuve de forma recurrente hace muchos años, de pequeño. Ahora está relatada en este texto de una forma un poco más poética y menos agresiva que en mis sueños. 

Espero que disfrutéis de la lectura. 

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          Camino sin rumbo fijo por calles inundadas de un implacable sol estival que alegra a las masas, más mis pasos arrastran una cadencia de penurias; la vista perdida en un mar de frustraciones e inseguridad que riegan y alimentan el miedo que germina de las semillas del dolor. A mi paso el rígido pavimento cimentado y laboriosamente manufacturado se resquebraja con crueles crujidos que helarían la sangre de los más valerosos y dejo tras de mí una estela de destrucción que se hace notoria también en las plantas y árboles que se cruzan en mi paseo: sus hojas se secan y caen, sus tallos y troncos mueren y se pudren transformándose en grotescas tumbas vegetales que dan la bienvenida al desastre.

          El aura negra que surge de lo más profundo de mi corazón no cesa de agrandarse y sin prisa pero sin pausa devora incansable mi cuerpo y mi mente y desaparezco de este mundo dejando paso a un monstruoso engendro vegetal. Me desplomo sin alma, de cuclillas en el suelo que se hunde con mi peso e invoca al caos más absoluto. Del fondo de mi ser brotan las malignas raíces que se arrastran veloces y extremadamente dolorosas por mis venas, dirigiéndose a mis extremidades para romper con violencia mi piel y clavarse en el suelo que se pudre irremediablemente nada más tomar contacto. A continuación mi cuerpo se recubre de una corteza propia de un roble, dura, rugosa, irregular pero de un color negro uniforme y desagradable, formando un verdadero tronco que crece y crece… y crece… y crece… y crece hasta límites insospechados. Las despiadadas raíces se afianzan firmes en las profundidades de la tierra dando una diabólica estabilidad al terrible árbol. La alta y maquiavélica copa se viste siniestramente de miles de millares de hojas puntiagudas, hostiles, de tonos rojizos y oscuros que lejos de producir vida amenazan con su sola presencia. Las ramas se arremolinan desordenadas, caóticas y amenazantes apresándome en lo más oscuro de la terrible hojarasca; su roce es dañino y algunas se clavan en mi cuerpo cual lanza en el flanco o puñal por la espalda. La sangre salpica alegre e imparable la negra corteza que la absorbe como agua de lluvia tras largos meses de sequía.

          Entre tanta maleza perversa florecen unas extrañas flores de pétalos morados y rojos pistilos como mi sangre que parecen exhalar un horroroso veneno imbuido de más semillas del dolor. Un nuevo refugio de pesar y soledad me aísla del mundo y repele con una atroz muerte a todo aquel que se acerca a intentar salvarme, y a la vez acaba con todo lo que haya a su alrededor. Las raíces siguen extendiéndose imparables bajo la tierra como una perversa plaga que va en busca de más víctimas para extender su reino de caos, tristeza y pesar. El aire en las inmediaciones del inmenso y espantoso árbol se vuelve irrespirable, ponzoñoso, mortal y todo ser vivo debe huir para salvarse. El abominable y gigantesco demonio vegetal se torna pues en un monumento al mal, a la decadencia y a la derrota, tan imponente que ahuyenta a los rayos de la luz provenientes del astro rey, incapaces de obrar el milagro de la salvación. Un grito de sosiego en el corazón del árbol se ha visto ahogado por ese mar de hojarasca tenebrosa que baila al son de una brisa pútrida y decadente.

          Sin embargo, al correr del tiempo, percibo a lo lejos, entre la discordia disonante que danza con locura, como se cuela por los ínfimos resquicios de la podredumbre un diminuto atisbo de esperanza que lucha fervientemente por alcanzar el lugar en el que soy prisionero de tamaño dolor. Es el dulce eco de tu voz que viene a rescatarme de ese océano de perdición.

Árbol Maligno

El Muerto

Cuando redacté este texto justo terminaba de leer la trilogía de Los Caminantes de Carlos Sisí. Me apetecía escribir algo con zombies pero dándole un toque más decimonónico, enfocado a ese romanticismo negro del XIX.

Espero que lo disfrutéis.

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           Fría y yerma había sido siempre aquella tierra en la que le habían encerrado para la posteridad después de su muerte; era silenciosa y en parte confortable para los que han de descansar el resto de la eternidad, sin embargo él ya no sentía ninguna de estas cosas. No al menos hasta que algo sorprendente ocurrió: como si alguna divinidad le hubiera tocado, abrió los ojos y con gran bostezo se levantó de entre el suelo que le mantenía preso. Primero salió su mano de la tierra, escarbó un poco hacia arriba y luego surgió la otra mano. Después se abrió la tierra y emergió la cabeza, seguida del torso y luego las piernas y los pies.

            Logró levantarse por fin, echó involuntariamente la cabeza hacia atrás, porque sus vértebras hacía tiempo que no cumplían solemnemente con sus funciones. Después soltó un lamento sin palabras, de calidad lastimera y que podría erizar el vello de los brazos hasta a cualquiera de los más bravos hombres. Sus ojos provistos de una tela espesa y grisácea estaban volteados hacia la luna que lo bañó e iluminó pobremente pero lo suficientemente para ver que su cuerpo estaba en un estado tan penoso como sus aullidos. Su piel ya no tenía un tono humano, ahora era de un gris pálido como si fuera una perla sucia de tierra húmeda o limo. Su pelo se había caído prácticamente todo; toda su figura desprendía un olor acre y pugnante para el sentido del olfato y al moverse, que lo hacía muy pausada y paulatinamente, como si danzara ebrio, todos los huesos de su cuerpo, o por lo menos los que aún quedaban intactos, crujían terriblemente en una sinfónica percusión parecida a unas castañuelas mohosas.

            Caminó torpemente unos metros, arrastrando con pesadez y dificultad tras de sí su pie izquierdo; tenía los brazos caídos hacia los lados y la cabeza todavía un poco echada hacia atrás pero un poco inclinada hacia el costado derecho. Parecía no tener ni prisa ni un rumbo claro pero daba la impresión que se guiaba por un sonido que podía parecerle familiar, parecido a los sollozos lastimeros de un servicio fúnebre importante. Al avanzar un poco más, a pesar de la catarata gris que le envolvía cada uno de los globos oculares vio a más como él. Muchos más que todavía tenían restos de tierra sobre los jirones de ropa como él, muchos más con huesos que crujían al moverse como él, muchos más cuyos cuerpos desprendían hedores venenosos para el alma y los sentidos como él, muchos más que se movían parsimoniosamente guiados por su propio canto en coro de lamentos del más allá atraídos por el olor de lo que ellos ya no tienen.

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