Romantizando Sueños

Buenas a todos, a todas y a todes. Ya sé, ¡ya! Está este pobre blog mío más dejado de la mano de Sarva que… Bueno, oye que no tengo que excusarme ni nada. Estoy viviendo cambios en mi vida y los experimento con todas las ganas del mundo. ¿Qué vienen mal dadas? Me pillo el berrinche, se me pasa al rato y luego intento sacarle algo de provecho o positivo o lo que sea. ¿Qué vienen cosas buenas? ¡Más que bienvenidas sean! Y justamente este texto me ha venido porque recientemente estoy experimentando sentimientos muy bonitos. Así que bueno, ahí os lo dejo. Y sí, ya sé también que es muy escueto, pero ahora mismo es lo que hay, jejeje. ¡Espero que os guste!

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Aún sumido en esa entropía entre el sueño profundo y el ligero despertar, mi cuerpo empieza a sentir la calidez de tu piel que se ha pegado a mi espalda con discreta suavidad. Tus manos se deslizan delicadas sobre mi costado estremeciendo cada rincón que tocan con el tacto divino que solo ellas saben dar. Tu sensual canción se cuela desde lo más profundo de tu boca a lo más hondo de mis oídos en un trémulo susurro que penetra capas y más capas hasta alcanzar el mismísimo centro de mi alma. El corazón se me acelera a la vez que mis brazos se retuercen hacia atrás para empezar a buscarte; una de mis manos aterriza en tu pierna y acaricia tu muslo que se resbala por la pasión, la otra mano enreda los dedos en tu cabello ondulado y desordenado que se convierte en una placentera trampa. En ese instante tus versos se tiñen con algún que otro gemido que eriza el vello de mi nuca a la vez que me propina una potente y erótica descarga que viaja fugaz desde ese punto, luego corre alocada por mi espalda y se pierde en el final de esta. Tus fuertes brazos se cierran sobre mi dejando que tus manos se unan sobre mi pecho, así mi corazón te marca el ritmo de los besos que tus labios impregnan en mi cuello. Me volteo con suavidad para devorar con dulzura todas y cada una de tus rimas directamente de tu boca, mientras enredo mis brazos sobre tu cintura que arde en deseo de unirse a mí.  Pero el sueño evanescente poco a poco se disipa y ese furor pasional desaparece como una nube etérea y descubro que ya no estás.