El Trino del Diablo

 

…a medida que el frenético movimiento del arco sobre las cuerdas producía las estridentes notas, del violín surgía una extraña luz rojiza. Una suerte de aura de color carmesí que rodeaba el instrumento como si lo estuviera controlando; a su vez, el violinista aceleró cada vez más sus movimientos. Parecía que se había vuelto completamente loco, pues sus ademanes eran casi presa de una histeria increíble y su negra melena echada sobre la cara no dejaba ver su expresión; en realidad lloraba cruelmente abrumado por el pánico pues la melodía que brotaba del violín no era la que él había compuesto, si no una más complicada, llena de trinos inaudibles y de acordes imposibles. La sonata se volvía tremendamente insoportable para sus oídos, sus dedos ya no aguantaban la agobiante presión sobre las cuerdas, toda aquella situación infernal se alargó tan sólo unos minutos, pero bastó para que pareciera una tortura de algún círculo del infierno de Dante; finalmente, una de las cuerdas del violín se rompió emitiendo un incómodo pero a la vez liberador sonido, hiriendo de un leve corte en la cara al violinista que le hizo recuperar el control de su cuerpo y dejó caer la herramienta al suelo.

 Después, tan sólo advino el silencio…

 El violinista, con la garganta severamente compungida y los ojos abiertos de par en par que mostraban sus capilares rojas e hinchadas, miró con espanto el violín y éste no tenía ni un rasguño, ni siquiera la cuerda que le había provocado esa herida que le escocía de forma obscena estaba rota, de alguna forma había vuelto a su sitio como si nada hubiera pasado. El aura carmesí alrededor del violín se había disipado y parecía no haber existido jamás. Al poco, una oscura y profunda voz resonó en lo más hondo del cráneo de aquel hombre, rebotando pérfidamente y resonando con una tenebrosa carcajada.

 “El Trino del Diablo está completo. Ahora tendréis fama y reconocimiento, pero a cambio ya sabéis qué quiero.”

 El cuerpo del hombre se desplomó pesadamente sobre el suelo, quedando en su rostro una horrenda expresión de terror imprimida en un rigor inmóvil y pavoroso…

El Sueño - James Marshall

Gravado de James Marshall que ilustra al compositor Giuseppe Tartini teniendo un sueño en el que el Diablo le compone su sonata.

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